Los Sentios

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Sevilla, año 2002. Yo pinchaba en un pequeño, y muy divertido, bar ilegal, alojado en un sótano en pleno centro de Sevilla. Aquella noche mi mujer no me acompañó; se marchó con los amigos a un concierto.  Llevaba como una hora poniendo música cuando recibí un sms de mi querida señora: “estoy viendo un grupo que te encantaría. Suenan…  ¡como los Flamin´Groovies! “.  Al poco rato el bar se empezó a llenar: amigos y conocidos, todos venían del concierto, y traían cosida a la boca una sonrisa. La banda tampoco tardó mucho en aparecer. Venían a hidratarse a aquel abrevadero después se su sudoroso concierto. Aquello se convirtió en una improvisada fiesta, las mejores suelen serlo, de la que surgieron lazos que aún muchos años después perduran.

Pues bien, de Los Sentíos (que no era de otros de los que hablaba en el párrafo anterior)  que les voy a contar que no sepan.  Que son una banda de rock and roll con mayúsculas, con una solidísima, y más que envidiable,  discografía a sus espaldas y que se han pateado escenarios de toda España y parte del extranjero, y no, no es una frase hecha. Que deberían ser muy famosos y que la gente debería peregrinar a sus conciertos de rodillas y comprar sus discos y guardarlos  como oro en paño.

Si no los conocen, es muy fácil verlos, porque su maltrecho sentido de la orientación no les permite ir mucho más lejos de la Alameda y la calle Feria, aunque alguno de ellos, antaño, fuera visto, alguna vez , por el Arenal, y, en su día, otro recibiera las Llaves de Oro de la Córdoba underground…